Peligroso deseo.

Ella se humedeció sus labios con la punta de la lengua; el involuntario movimiento tensó el cuerpo de él.

-Quiero sentir tu sabor- dijo con voz ronca-. Quiero besarte.

-¿Por qué?

-No todo tiene una explicación racional, de hecho, hay algunas cosas que es mejor que permanezcan en el misterio.

-¿Por ejemplo los besos?

Él se acercó a ella hasta estrechar sus suaves curvas contra sí.

-Sí, por ejemplo los besos. Dí que tú también lo quieres. No quiero robarte lo que puedes ofrecerme con libertad.

-Sí- susurró por fin-. Sí.

Le rozó con suavidad los labios, obligándose a no olvidar que ella era vírgen. Por cierto, la pasión bullía debajo de sus correctos modales, pero desconocía el lado oscuro del deseo. No debía asustarla.

Pero el silencioso sermón que su conciencia le estaba dictando no lo preparó para el encuentro con sus labios, que desató en él una oleada de placer enloquecedor.

Había esperado tanto para deleitarse con ella. Pero esto... esto era mágico.

Deslizó sus dedos entre sus cabellos y le echó la cabeza hacía atrás, para poder saciarse con el sabor de su piel. La besó una y otra vez, pasando su lengua por el borde de su boca y mordisqueando la comisura de sus labios.

En la oscuridad se escuchó su débil gemido, mientras el cuerpo de ella se arqueaba, acercándose a la dureza cada vez más grande del cuerpo de él. sus caricias se hicieron más intensas.

Obligándola a separa sus labios, penetró su boca con la lengua. La bata resultó ser una barrera insignificante, sus manos impacientes la abrieron con agilidad para explorar sus curvas. Gimió al acariciar sus senos turgentes. Eran dulces y delicados como ella. Absolutamente perfectos. mientras sus pulgares jugueteaban con la punta de sus pezones, la muchacha murmuraba incesantemente contra sus labios, pero no hacía ningún movimiento para apartarse.

El fuego lo abrasaba. Sus manos temblaban como si fuera un adolescente y no un hombre de sofisticada experiencia.

Más, él necesitaba más, más, más.

Con sumo cuidado se acomodó entre sus caderas gimiendo de felicidad. perfecta, eres tan perfecta... murmuró mientras su boca se deslizaba hasta sus senos.

Ella suspiró al borde del desmayo, mientras los labios de él se cerraban por fin sobre el botón de su seno.

Fue el sonido de su voz lo que lo hizo detenerse. Así su conciencia inquieta se dejó oír por sobre los violentos latidos del corazón. el solo se había propuesto besarla, no tomar su virginidad.

Luchó por recuperar el control sobre su ardiente lujuria. no era fácil cuando sabía que con unos pocos y rápidos movimientos podía liberarse de sus pantalones y penetrar en su cálido nido.

Este es el momento en el que deberías detenerme gatita y tal vez abofetearme...

Pero no quiero detenerte ni abofetearte, disfruto mucho de tus besos- ¿Acaso no me deseas?

-Dios si supieras cuánto te deseo, estarías encerrada con llave en tu dormitorio y escondida debajo de tu cama.

Lo contempló con impaciencia , estaba sobre ella, sus besos habían sido tan deliciosos como ella lo había soñado; tiernos y exigentes. Y en cuanto a sus manos ¡Santo cielo!, temía que su cuerpo estallara en llamas mientras recorría su cuerpo con tanta habilidad, sólo quería que él continuara con su embriagadora seducción.

Unos instantes más y estaré dentro de ti, y todo reclamo acerca de la virginidad arrebatada quedará perdido para siempre- le dijo.

¿Quieres hacerme el amor?

¿Hacerte el amor?, parpadeó incrédulo. Deseo llevarte a ahora a la cama y hundirme en tu calor. Deseo poseerte una y otra vez, y escucharte gritar de placer. De verás,  si  pudiera hacer lo que quisiera, te ataría a mi cama para que no pudieras irte nunca.

 

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