Manipulaciones

cuerpo_1.jpgVerónica era mi novia desde hacía tres años, con altos y bajos mi relación yo la definía como buena, ella era una mujer muy alegre, atractiva, talentosa, inteligente y muy muy caliente.

Hay relaciones que se basan en la confianza; otras en la amistad, en fin la nuestra, yo diría se basaba en todo eso, pero principalmente en  el sexo. Verónica era una mina insaciable, le gustaba el sexo y me lo hacía saber, siempre quería más, lujuriosa y descarada, me traía loco. Ya me había terminado dos veces y siempre lograba que ella me perdonara (me acusaba de ser fome) recuerdo la primera  vez que dijo:

       - Agustín creo es necesario tomarnos un tiempo, me siento estancada necesito     saber que es lo que realmente quiero. Estamos como mimetizados, necesito espacio.

Me quedé frío, me desvivía por esa chica y ahora me pedía espacio? La ví tan decidida, que más que miedo tuve pánico, yo la amaba tanto... así que con tranquilidad y medio en broma dije:

       -Vero, yo creo que si es lo que tú realmente quieres o necesitas...supongo debo respetarlo.

 Y al momento que lo decía por dentro pensaba no, por favor no, tenía que actuar rápido.

Ella se sorprendió un poco al ver mi pasividad, yo lo noté y dije:

          -¿Quieres ir a dar una vuelta a la playa?

          -¿Ahora?

          - Sí claro, vamos nos hará bien tomar un poco de aire puro. 

Me estaba terminando, pero estaba confundida con mi reacción , yo debía aprovechar, debía ser sutil y voltear las cartas a mi favor. Sabía cual era supunto débil.

Durante la ida solo la radio se oía dentro del auto y uno que otro comentario muy escueto, sin embargo no eran silencios incómodos. Fue una tarde muy agradable, tarde de amigos...pues no hubo ningún tipo de acercamiento. Ella se notaba confundida.

De regreso yo sabía que era ahora o nunca , debía actuar o la perdería, no dije nada solo, puse mi mano sobre su pierna, esperando alguna reacción; me miró brevemente sin decir nada, y sentí que me estaba autorizando hurgué con mi mano derecha por su entrepierna, la minifalda que traía puesta hizo más fácil todo, hice círculos con mis dedos sobre aquel monte cálido, metí la mano bajo el calzón y sin hablar ni mirarla, comencé a masturbarla; ella no dijo nada, yo conducía con la izquierda y con la derecha jugaba con su clítoris que se abultaba más y más, hundía mis dedos en su palpitante vulva, Verónica sólo atinaba a abrir y cerrar las piernas, respiraba entrecortado, mientras los autos nos adelantaban; de vez en cuando le daba una mirada de reojo, visualizando sus ojos entrecerrados, blancos ... idos. El asiento absorbía toda su hemedad, pues ella acababa una y otra vez, en un mutismo absoluto que me calentaba de sobremanera , yo no deseaba parar quería estimularla hasta hacerla perder el control, pues sabía que ella no podría resistirse, el sexo la dominaba, mi sexo.

Doblé a la derecha y me metí a un motel seguíamos sin decirnos nada, ella entró primero yo atrás , cerré la puerta y ella se inclinó en la mesa, le subí la minifalda y le bajé el calzón y comencé a penetrarla una y otra vez, en un instante que parecía no tener espacio ni tiempo, estabamos absortos, del otro lado alguien dejaba algo en la puerta, me distraje, -ni te atrevas a sacarlo- me dijo, no pares por favorrr- (cómo me excita cuando alarga la letra final de las palabras cuando tiramos)

Esas dos frases fue lo único que dijo hasta que la inundé de leche haciéndola venirse de una manera deliciosa. Sé que fue asi porque luego me besó, como agradeciendo el momento y luego en la ducha hasta cantó una canción, nos quedamos ahí toda la noche haciendo el amor una y otra vez.

Por supuesto aquella vez no terminamos, la segunda vez que le dió el ahogo de la relación estabamos viendo una película en su casa y comenzó a buscar pelea, por todo se irritaba, quería a toda costa hacerme caer en su juego, pero yo siempre he sido un hombre muy pacífico

-eso es lo que me molesta de ti Agustín, nunca te alteras por nada.

-pero para qué quieres que me altere?

-quiero saber si llegado el momento me defenderías o te quedarías ahí callado!

-defenderte de qué? Vero no te entiendo...

-ese es tu gran problema nunca entiendes, siempre estás aquí en casa conmigo, no haces cosas por ti mismo sino por mi,estoy aburrida, me siento aburrida, quiero diversión!! quiero vivir!!

Fue como una cachetada, qué me quería decir realmente? acaso había conocido a otro hombre más excitante que yo? Reconozco que hacía días no lo hacíamos, pero yo trabajo todo el día, y llego muerto en la semana, aunque sé que para ella esa no es una excusa válida.

-Así que fome?, ven- y la tomé del brazo y la llevé al auto.

-¿Adonde vamos?

-a hacer algo entretenido, dije - no dices que estás aburrida.  

- lo que quiero es que me hagas el amor tarado...ya casi nunca lo hacemos siempre estás cansado. 

Detuve el auto a la orilla de la carretera, la bajé con firmeza y la acosté sobre el capó para lamer su concha histérica que poco a poco fue cediendo ante los espásmos de mi lengua, luego la voltee , le agarré el pelo haciendo una cola, y apreté cual riendas ,mientras la montaba por detrás, gemía y gritaba como loca en un trance de éxtasis total.

-dámelo en la boca, gritaba- lo quiero en en mi cara.

Estaba fuera de sí, nunca la vi tan ardiente, cuando le descargué en la cara trataba de tragarlo todo, aquella imagen me impactó, luego me besó con el semen aún en la boca haciendo que yo tragara mi propia esperma, debo confesar que aquello me perturbó.

Verónica se había convertido no sólo en una adicta a la adrenalina sino también en la mina más freak con la que yo había follado, cada vez me iba sorprendiendo con sus gustos y deseos, yo debía cogérmela por la concha y darle por el culo con un vibrador mientras ella tenía los ojos vendados y yo lanzaba  frases de película porno...

A decir verdad todo esto a mi me excitaba, pero también me taladraba la cabeza, nuestra relación se había transformado en sexo , sexo y nada más que sexo. Ya no quedaba lugar público en el que no hubieramos tirado : cines, restaurantes, parques, microbuses, avión, en mi trabajo, en el suyo, en una iglesia... hasta nos metimos en  un cementerio una vez, yo le daba en el gusto en todo, confieso que el morbo me ponía a cien;  pero ella siempre quería más. Pero no más amor, ni proyección ... ella solo quería erecciones.

De regreso de nuestras vacaciones, decidió terminar por tercera vez, esta vez yo no intenté retenerla, creo que ni siquiera escuché los motivos, sólo bajé sus maletas y la besé en la frente, ella quedó allí, en la entrada de su casa, como esperando mi reacción, pero esta vez no volvería a levantar cabeza...

 

 

 

 

 

 

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